30 de septiembre de 2017: Los 5 detonantes.
Hola, querid@ amig@.
Son las 17:15 de la tarde del domingo. Hace bastante calor, y el día está nublado. Supongo que precisamente es por eso por lo que estoy escribiendo. El día acompaña bastante mi estado de ánimo.
Verás, ayer vinieron mis amigos a comer a mi casa. Era el plan con el que llevaba soñando durante meses, toda la gente que necesitaba reunida alrededor de mi mesa charlando y contándonos nuestras vidas. Como antes.
Sinceramente, pensaba que era eso lo que necesitaba, ¿sabes? Lo que me hacía falta para volver a sentirme yo, para volver a estar completa. Nada más lejos de la realidad.
Quizás debería empezar por contarte porque me siento así. Es decir, soy una chica joven. De esas que siempre llevan una sonrisa en la cara. De esas que saludan a todo el mundo con un abrazo, como si encontrar una cara conocida fuese lo mejor que me ha pasado en todo el día. Y así es.
Pero no soy tan feliz como parece, al menos no desde hace mucho tiempo. Es decir, tengo mis momentos en los que me siento la reina del mundo, y es imposible que nada me afecte porque mi corazón late. ¿Sabes de lo que te hablo? Hay veces en las que me siento viva. El problema es que la mayor parte del tiempo no me siento así.
Antes salía con un chico, y empecé a alejarme un poco de mis amigos. Es decir, ellos no solían decirme de quedar. Pero cuando lo hacían, solía coincidir que ya había hecho planes con mi pareja. Quiero decir... no me importaba. Mi novio me hacía sentir feliz, me sentía total y absolutamente completa con él, y por eso no me molestaba demasiado el hecho de que mis amigos cada vez estuvieran más distantes de mi. Pero un día, simplemente, dejé de sentirme así. Empecé a sentirme incompleta también a su lado. Lo dejé.
Pensaba que por estar con él me estaba perdiendo algo. Me estaba perdiendo las noches de locura que pintan las películas sobre la universidad. No me malinterpretes, no me arrepiento de haberle dejado. Con el tiempo entendí que no eran las experiencias lo que me estaba perdiendo, sino a mi. M e estaba perdiendo al depender de él. Si discutía con el mi vida se hundía, y cada vez necesitaba más para poder mantenerme a flote. No era justo para ninguno de los dos. No se merecía que le usara para estar bien, ni yo me merecía sentirme así.
La verdad es que ese fue el inicio de todo. Bueno, el inicio no, pero si el detonante. Primer detonante.
Ese es el problema de las vidas de humo, que cuando sopla un poco de brisa se van. Y entonces, al no ver nada, sentimos el vacío que antes se tapaba con risas y cotilleos.
Soy una persona bastante narcisista, y por otro lado mi autoestima es tan frágil como el resto de mi vida. El hecho de darme cuenta de que ya no era tan importante como yo creía, para mis amigos, me destrozó. Segundo detonante.
Al sentirme sola, vacía... intenté buscar alguien con quien rellenar los espacios en blanco del guion de mi vida. Un entretenimiento con el que pasar el rato y olvidar que estaba rota. Tercer detonante.
Volcaba todas mis esperanzas en poder estar bien, con cualquiera. Y así, fracaso estrepitoso tras fracaso aún más estrepitoso, comencé a caer. Ni siquiera intentaba agarrarme, porque tampoco tenía a qué hacerlo. Conocía a un chico majo y lo colocaba en un altar que le venía grande, y del que terminaba cayéndose. Nunca lo he dicho en voz alta, pero en el fondo, aunque siempre los he culpado a ellos (por resultar ser unos capullos de mierda), en el fondo siempre he sabido que era culpa mía.
Me esforzaba tanto porque lo fueran todo, que intentaba que ellos me tratasen igual. Cambiaba y me adaptaba a sus gustos. Todo para tener algo de lo que hablar, así de simple.
Pero obviamente, eso tampoco era suficiente. Ellos seguían intentando encontrar a alguien mejor que yo, así que me pareció justo empezar a hacer lo mismo. Empecé a hablar con mas de un chico a la vez. Empecé a dejarme llevar por la situación. Empecé a dejarme usar. Cuarto detonante. Ellos empezaron a verme como un juguete y yo empecé a sentirme así. Y eso hacía que cada vez, estuviera más lejos de lo que yo quería. Cada vez estaba más lejos del suficiente.
Claramente, también me sentía culpable por eso. Pero no en el sentido adecuado. Me sentía culpable por no ser lo suficientemente guapa, divertida, sexy, inteligente, profunda, sorprendente... Y entonces era yo la que no era suficiente. Ni para mi ni para nadie.
El ultimo detonante es sin duda el más doloroso. Mi familia. Mis padres empezaron a ver en que me había convertido. Al mirarme, no podían ver más que una"golfa". No me iba tampoco demasiado bien en lo académico. Como podréis entender, tenía demasiadas preocupaciones en mi cabeza... Y eso desembocó en broncas.
Para ser sincera, la relación con mis padres lleva años siendo más que turbulenta. Es decir, uno de mis grandes problemas es mi carácter. Pero nunca lo había sido tanto. Durante una semana, me echaron de casa. Quinto detonante. Los pilares sobre los que me sustentaba se cayeron de golpe y ahí fue cuando dejé de sentir.
Durante un tiempo, lo de no tener sentimientos fue bien. Pero al final, volví a lo de siempre: no era suficiente. Quería sentir, y lo hice. Volví a sentir. El problema es que ahora solo siento dolor. Nada me hace feliz. Lo que antes era un pequeño respiro en mi vida de mierda ahora no sirve.
Cada vez me siento más vacía. A veces pienso que si me abrieran el pecho no verían más que un gran agujero negro, o quizá ni eso. ¿Quién sabe?
Toda esta reflexión viene porque ayer vinieron mis amigos. Los que tenía antes de aquel novio. Antes de primer detonante.
Los invité con la escusa de volver a verlos, pero en el fondo... solo era mi último grito de socorro. Intenté volver a antes de los problemas. Solo pretendía recordar lo que es reírse de verdad y notar el calor de un abrazo sincero... En cambio, solo conseguí sentirme como una extraña en mi casa.
Cuando el plan de emergencia falla... no sé que más te queda, pero tendré que averiguarlo.
Como ya he dicho, soy una persona con mucho carácter, y no puedo dejar que todo me venza sin dar muchas patadas antes. Así que mi nuevo plan es centrarme en lo académico y en mi. Con suerte, eso arregle dos de mis pilares: el de mi familia y el mío propio. Con un poquito de suerte, eso sea suficiente para tirar para adelante hasta que sea lo suficientemente fuerte como para reconstruir los otros tres.
De momento intentaré ser feliz con lo único que nunca falla: La música, los libros, y las películas. Siempre sienta bien poder vivir como otra persona durante un tiempo. Aunque esa persona esté tan rota como tú, al menos, no eres tú.
Son las 17:15 de la tarde del domingo. Hace bastante calor, y el día está nublado. Supongo que precisamente es por eso por lo que estoy escribiendo. El día acompaña bastante mi estado de ánimo.
Verás, ayer vinieron mis amigos a comer a mi casa. Era el plan con el que llevaba soñando durante meses, toda la gente que necesitaba reunida alrededor de mi mesa charlando y contándonos nuestras vidas. Como antes.
Sinceramente, pensaba que era eso lo que necesitaba, ¿sabes? Lo que me hacía falta para volver a sentirme yo, para volver a estar completa. Nada más lejos de la realidad.
Quizás debería empezar por contarte porque me siento así. Es decir, soy una chica joven. De esas que siempre llevan una sonrisa en la cara. De esas que saludan a todo el mundo con un abrazo, como si encontrar una cara conocida fuese lo mejor que me ha pasado en todo el día. Y así es.
Pero no soy tan feliz como parece, al menos no desde hace mucho tiempo. Es decir, tengo mis momentos en los que me siento la reina del mundo, y es imposible que nada me afecte porque mi corazón late. ¿Sabes de lo que te hablo? Hay veces en las que me siento viva. El problema es que la mayor parte del tiempo no me siento así.
Antes salía con un chico, y empecé a alejarme un poco de mis amigos. Es decir, ellos no solían decirme de quedar. Pero cuando lo hacían, solía coincidir que ya había hecho planes con mi pareja. Quiero decir... no me importaba. Mi novio me hacía sentir feliz, me sentía total y absolutamente completa con él, y por eso no me molestaba demasiado el hecho de que mis amigos cada vez estuvieran más distantes de mi. Pero un día, simplemente, dejé de sentirme así. Empecé a sentirme incompleta también a su lado. Lo dejé.
Pensaba que por estar con él me estaba perdiendo algo. Me estaba perdiendo las noches de locura que pintan las películas sobre la universidad. No me malinterpretes, no me arrepiento de haberle dejado. Con el tiempo entendí que no eran las experiencias lo que me estaba perdiendo, sino a mi. M e estaba perdiendo al depender de él. Si discutía con el mi vida se hundía, y cada vez necesitaba más para poder mantenerme a flote. No era justo para ninguno de los dos. No se merecía que le usara para estar bien, ni yo me merecía sentirme así.
La verdad es que ese fue el inicio de todo. Bueno, el inicio no, pero si el detonante. Primer detonante.
Ese es el problema de las vidas de humo, que cuando sopla un poco de brisa se van. Y entonces, al no ver nada, sentimos el vacío que antes se tapaba con risas y cotilleos.
Soy una persona bastante narcisista, y por otro lado mi autoestima es tan frágil como el resto de mi vida. El hecho de darme cuenta de que ya no era tan importante como yo creía, para mis amigos, me destrozó. Segundo detonante.
Al sentirme sola, vacía... intenté buscar alguien con quien rellenar los espacios en blanco del guion de mi vida. Un entretenimiento con el que pasar el rato y olvidar que estaba rota. Tercer detonante.
Volcaba todas mis esperanzas en poder estar bien, con cualquiera. Y así, fracaso estrepitoso tras fracaso aún más estrepitoso, comencé a caer. Ni siquiera intentaba agarrarme, porque tampoco tenía a qué hacerlo. Conocía a un chico majo y lo colocaba en un altar que le venía grande, y del que terminaba cayéndose. Nunca lo he dicho en voz alta, pero en el fondo, aunque siempre los he culpado a ellos (por resultar ser unos capullos de mierda), en el fondo siempre he sabido que era culpa mía.
Me esforzaba tanto porque lo fueran todo, que intentaba que ellos me tratasen igual. Cambiaba y me adaptaba a sus gustos. Todo para tener algo de lo que hablar, así de simple.
Pero obviamente, eso tampoco era suficiente. Ellos seguían intentando encontrar a alguien mejor que yo, así que me pareció justo empezar a hacer lo mismo. Empecé a hablar con mas de un chico a la vez. Empecé a dejarme llevar por la situación. Empecé a dejarme usar. Cuarto detonante. Ellos empezaron a verme como un juguete y yo empecé a sentirme así. Y eso hacía que cada vez, estuviera más lejos de lo que yo quería. Cada vez estaba más lejos del suficiente.
Claramente, también me sentía culpable por eso. Pero no en el sentido adecuado. Me sentía culpable por no ser lo suficientemente guapa, divertida, sexy, inteligente, profunda, sorprendente... Y entonces era yo la que no era suficiente. Ni para mi ni para nadie.
El ultimo detonante es sin duda el más doloroso. Mi familia. Mis padres empezaron a ver en que me había convertido. Al mirarme, no podían ver más que una"golfa". No me iba tampoco demasiado bien en lo académico. Como podréis entender, tenía demasiadas preocupaciones en mi cabeza... Y eso desembocó en broncas.
Para ser sincera, la relación con mis padres lleva años siendo más que turbulenta. Es decir, uno de mis grandes problemas es mi carácter. Pero nunca lo había sido tanto. Durante una semana, me echaron de casa. Quinto detonante. Los pilares sobre los que me sustentaba se cayeron de golpe y ahí fue cuando dejé de sentir.
Durante un tiempo, lo de no tener sentimientos fue bien. Pero al final, volví a lo de siempre: no era suficiente. Quería sentir, y lo hice. Volví a sentir. El problema es que ahora solo siento dolor. Nada me hace feliz. Lo que antes era un pequeño respiro en mi vida de mierda ahora no sirve.
Cada vez me siento más vacía. A veces pienso que si me abrieran el pecho no verían más que un gran agujero negro, o quizá ni eso. ¿Quién sabe?
Toda esta reflexión viene porque ayer vinieron mis amigos. Los que tenía antes de aquel novio. Antes de primer detonante.
Los invité con la escusa de volver a verlos, pero en el fondo... solo era mi último grito de socorro. Intenté volver a antes de los problemas. Solo pretendía recordar lo que es reírse de verdad y notar el calor de un abrazo sincero... En cambio, solo conseguí sentirme como una extraña en mi casa.
Cuando el plan de emergencia falla... no sé que más te queda, pero tendré que averiguarlo.
Como ya he dicho, soy una persona con mucho carácter, y no puedo dejar que todo me venza sin dar muchas patadas antes. Así que mi nuevo plan es centrarme en lo académico y en mi. Con suerte, eso arregle dos de mis pilares: el de mi familia y el mío propio. Con un poquito de suerte, eso sea suficiente para tirar para adelante hasta que sea lo suficientemente fuerte como para reconstruir los otros tres.
De momento intentaré ser feliz con lo único que nunca falla: La música, los libros, y las películas. Siempre sienta bien poder vivir como otra persona durante un tiempo. Aunque esa persona esté tan rota como tú, al menos, no eres tú.
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