7 de junio: El fin de todo (parte 1)
Como ya dije en su momento, solo suelo escribir cosas así cuando me encuentro muy mal, cuando siento que el mundo se abalanza sobre mi, como la oscuridad lo hace en una calle sin farolas en una noche sin luna. Habrás notado que hacía tres años que no te escribía, y es porque he estado bien. He tenido mis más y mis menos, pero en conjunto he sido feliz.
Durante el primer año de nuestro distanciamiento, me enamoré. Era un chico genial, bueno, aún lo es. Alto delgado y con unos ojos increíbles, pero lo más fascinante era que pese a no tener nada en común, encajábamos muy bien. Como hace un viejo matrimonio, yo me adapte a sus gustos y él, en la medida de lo posible, a los míos. Fuimos saltando barreras durante algo más de un año, hasta que llegó una diferencia que no pudimos ignorar, y ese fue el final de todo. Al menos, y si te sirve de consuelo, a día de hoy puedo seguir considerándolo mi amigo: me ha apoyado, me ha ayudado y siempre ha estado ahí cuando he necesitado un golpe de realidad o una palmada en el hombro (aunque yo no lo quisiese en aquel momento).
Después pasé un tiempo sola, con algunos líos esporádicos, como cualquier chica de 20 años debería tener. Todo me iba bien en mi libertad, aunque no mentiría al decir que añoraba la estabilidad de una relación. Pero al fin y al cabo, era feliz, viviendo así, sin dar explicaciones ni cuentas a nadie que no fuera a mi misma, me gustaba.
Y aquí es cuando llegamos a la parte de la historia por la que me encuentro de nuevo escribiéndote. Apareció una nueva persona en mi vida (en realidad no apareció, porque era uno de mis mejores amigos antes de que empezásemos a gustarnos). No voy a exagerar y decir que apareció como un flechazo, porque no fue así, al principio lo que sentía por el era puramente físico, pero con el paso del tiempo, todo fue conduciendo a algo más.
De repente me encontré en mitad de una relación que, aunque no fue planeada, me gustaba. El amor fue creciendo y llegué a enamorarme de verdad (algo que nunca pensé que volvería a experimentar) y él se enamoró de mi, o al menos eso creí. El carácter fuerte de los dos hacía que peleásemos con frecuencia, lo cual sumado a que entendíamos la vida en pareja de forma totalmente contraria, más de una vez fue causante de alguna ruptura, pero en ningún caso estuvimos peleados demasiado tiempo. En el fondo, él me hacía ver que me amaba, y yo también le amaba a él, así que fuimos superando todos los obstáculos que la vida nos puso por delante hasta hace escasos días.
Un día cualquiera de junio, me encontraba yo saliendo de la ducha cuando vi las notificaciones en la pantalla de mi móvil. Como toda enamorada, esperaba que fueran suyas, y efectivamente, lo eran, aunque no todas. Tras mirar los mensajes de mi novio y de mis amigos, entre a ver las notificaciones de instagram y descubrí que había una de la perra.
Llamaremos a esta persona por este apodo por motivos de confidencialidad, y porque es una sucia perra rastrera, pero eso va aparte. Resulta que esta señorita de moral cuestionable, tuvo un pequeño idilio con mi novio antes de que empezásemos a salir, y la pobre no lo superó bien. Siempre me tuvo envidia, supongo que porque además de lo obvio (físico y capacidades), me quedé con el chico.
Ella lo acosaba incluso cuando salía conmigo, o eso me decía él a mí, pero un día mi paciencia llegó a su límite, y decidí ponerle fin a esa relación. No me malinterpretes, no era por meros "celos", no me fiaba de esa chica como persona, y al fin y al cabo mi novio decía que no tenía ningún tipo de interés en ella, ni siquiera como amiga. Así fue que le pedí que la bloqueara, por mi salud mental principalmente, y él de mas o menos buena gana, aceptó.
Desde entonces, yo viví completamente ajena a ese tema ya que confiaba en él y confié en su promesa de no volver a hablarle nunca más. Pero llegó el cumpleaños de ella, y la desbloqueó para felicitarla. Primer strike. Si realmente no era nada para él, no me parecía necesario. Tuvimos una gran pelea al respecto, tras lo cual me juró que nunca más le hablaría ni me mentiría por algo así.
Poco tiempo después, la vio llorando y le pareció buena idea consolarla. No me juzgues, no soy ningún monstruo, no disfruto del sufrimiento ajeno. La gracia es que en cuento el le habló ella ya estaba más feliz que una perdiz, había conseguido su objetivo.
Yo no escatimaba en recursos a la hora de advertirle sobre la personalidad manipuladora de esa chica. Personalidad que había observado durante mucho tiempo en la facultad, ya que vi como dejaba que sus amigos la sobaran a cambio de hacerle las prácticas, y en cuanto las conseguía los volvía a alejar, siempre teniendo cuidado de dejarlos a la distancia justa por si volvía a necesitarlos en alguna ocasión. Nunca entenderé de donde emanaba su poder, ya que es una chica bastante normalita, por no decir algo fea, pero de alguna forma, conseguía captar la atención de los chicos. Supongo que por eso le interesaba mi novio, se le escapó.
Pero al fin y al cabo, el nunca hacía caso de estas advertencias, decía que exageraba, actuaba comos si fuese presa de celos irracionales. Al final volvió a bloquearla, y hasta este trágico día yo pensaba que así había sido.
No se porqué decidí fiarme de una persona que ya me había mentido con anterioridad sobre la perra, pero, por algún motivo, todo esto me vino de sorpresa.
Durante el primer año de nuestro distanciamiento, me enamoré. Era un chico genial, bueno, aún lo es. Alto delgado y con unos ojos increíbles, pero lo más fascinante era que pese a no tener nada en común, encajábamos muy bien. Como hace un viejo matrimonio, yo me adapte a sus gustos y él, en la medida de lo posible, a los míos. Fuimos saltando barreras durante algo más de un año, hasta que llegó una diferencia que no pudimos ignorar, y ese fue el final de todo. Al menos, y si te sirve de consuelo, a día de hoy puedo seguir considerándolo mi amigo: me ha apoyado, me ha ayudado y siempre ha estado ahí cuando he necesitado un golpe de realidad o una palmada en el hombro (aunque yo no lo quisiese en aquel momento).
Después pasé un tiempo sola, con algunos líos esporádicos, como cualquier chica de 20 años debería tener. Todo me iba bien en mi libertad, aunque no mentiría al decir que añoraba la estabilidad de una relación. Pero al fin y al cabo, era feliz, viviendo así, sin dar explicaciones ni cuentas a nadie que no fuera a mi misma, me gustaba.
Y aquí es cuando llegamos a la parte de la historia por la que me encuentro de nuevo escribiéndote. Apareció una nueva persona en mi vida (en realidad no apareció, porque era uno de mis mejores amigos antes de que empezásemos a gustarnos). No voy a exagerar y decir que apareció como un flechazo, porque no fue así, al principio lo que sentía por el era puramente físico, pero con el paso del tiempo, todo fue conduciendo a algo más.
De repente me encontré en mitad de una relación que, aunque no fue planeada, me gustaba. El amor fue creciendo y llegué a enamorarme de verdad (algo que nunca pensé que volvería a experimentar) y él se enamoró de mi, o al menos eso creí. El carácter fuerte de los dos hacía que peleásemos con frecuencia, lo cual sumado a que entendíamos la vida en pareja de forma totalmente contraria, más de una vez fue causante de alguna ruptura, pero en ningún caso estuvimos peleados demasiado tiempo. En el fondo, él me hacía ver que me amaba, y yo también le amaba a él, así que fuimos superando todos los obstáculos que la vida nos puso por delante hasta hace escasos días.
Un día cualquiera de junio, me encontraba yo saliendo de la ducha cuando vi las notificaciones en la pantalla de mi móvil. Como toda enamorada, esperaba que fueran suyas, y efectivamente, lo eran, aunque no todas. Tras mirar los mensajes de mi novio y de mis amigos, entre a ver las notificaciones de instagram y descubrí que había una de la perra.
Llamaremos a esta persona por este apodo por motivos de confidencialidad, y porque es una sucia perra rastrera, pero eso va aparte. Resulta que esta señorita de moral cuestionable, tuvo un pequeño idilio con mi novio antes de que empezásemos a salir, y la pobre no lo superó bien. Siempre me tuvo envidia, supongo que porque además de lo obvio (físico y capacidades), me quedé con el chico.
Ella lo acosaba incluso cuando salía conmigo, o eso me decía él a mí, pero un día mi paciencia llegó a su límite, y decidí ponerle fin a esa relación. No me malinterpretes, no era por meros "celos", no me fiaba de esa chica como persona, y al fin y al cabo mi novio decía que no tenía ningún tipo de interés en ella, ni siquiera como amiga. Así fue que le pedí que la bloqueara, por mi salud mental principalmente, y él de mas o menos buena gana, aceptó.
Desde entonces, yo viví completamente ajena a ese tema ya que confiaba en él y confié en su promesa de no volver a hablarle nunca más. Pero llegó el cumpleaños de ella, y la desbloqueó para felicitarla. Primer strike. Si realmente no era nada para él, no me parecía necesario. Tuvimos una gran pelea al respecto, tras lo cual me juró que nunca más le hablaría ni me mentiría por algo así.
Poco tiempo después, la vio llorando y le pareció buena idea consolarla. No me juzgues, no soy ningún monstruo, no disfruto del sufrimiento ajeno. La gracia es que en cuento el le habló ella ya estaba más feliz que una perdiz, había conseguido su objetivo.
Yo no escatimaba en recursos a la hora de advertirle sobre la personalidad manipuladora de esa chica. Personalidad que había observado durante mucho tiempo en la facultad, ya que vi como dejaba que sus amigos la sobaran a cambio de hacerle las prácticas, y en cuanto las conseguía los volvía a alejar, siempre teniendo cuidado de dejarlos a la distancia justa por si volvía a necesitarlos en alguna ocasión. Nunca entenderé de donde emanaba su poder, ya que es una chica bastante normalita, por no decir algo fea, pero de alguna forma, conseguía captar la atención de los chicos. Supongo que por eso le interesaba mi novio, se le escapó.
Pero al fin y al cabo, el nunca hacía caso de estas advertencias, decía que exageraba, actuaba comos si fuese presa de celos irracionales. Al final volvió a bloquearla, y hasta este trágico día yo pensaba que así había sido.
No se porqué decidí fiarme de una persona que ya me había mentido con anterioridad sobre la perra, pero, por algún motivo, todo esto me vino de sorpresa.
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